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Gira 2004
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Zapata
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Alejandro Fernàndez
Zapata

Sipnosis de la pelicula

Evocación de un mito viviente, la película de Zapata encarna la inspiración de un pueblo por reivindicar a su héroe y la lucha en contra del poder tiránico. La historia es narrada a través de íconos que vienen de nuestras culturas originarias, por esto Zapata se asocia a Quetzalcoatl, Dios principal de todos los rumbos del mundo. Un grupo de sabios ancianos surgidos de lo más profundo de la tierra ungen en una caverna a Emiliano con el bastón de mando, signo ancestral y tradicional que contiene la significación del hombre que guiará a su pueblo, a su tribu, así es como Zapata en nuestra historia, es nombrado Tlahtoani.

Zapata

En esta película se deshecha conscientemente desde el principio, la versión de la historia oficial que tanto han cacareado los que usurparon el poder a los verdaderos revolucionarios, a Zapata nos lo habían secuestrado haciendo de él una figura de barro que no tenía la menor significación ni verdadera relación con lo que fue este ser humano extraordinario. Nuestra historia se fundamenta y se nutre a través del legado que nos proporcionaron los abuelos del estado de Morelos, quienes participaron en esta epopeya fascinante. Ellos, de una manera vibrante, nos narraron la vida de Zapata, su relación con la madre tierra y el fruto que florece en ella: el maíz.

Alfonso Arau se sumerge en un mundo poético y mágico creando atmósferas, metáforas y ambientes fantásticos en realidades alternas que nos hacen invocar ámbitos rulfianos con una fuerte y poderosa carga dramática. Realismo mágico con trazos trágicos que nos denotan constantemente la vida ritual en el campo mexicano, la inmensa energía que viene de la tierra impregna al autor y él mismo se deja llevar por la bola, esa inmensa masa de hombres que lucha por el anhelo de libertad y por regresar a la sencilla vida del campo y su relación con lo más sagrado que tienen: la madre tierra y el maíz. Para la gleba, la tierra no se vende, la tierra no se compra, porque la tierra es madre ancestral, es la que nutre, la que amamanta, es comunal, es tribal, es de todos, no tiene pertenencia individual ni privada, simplemente está ahí, conviviendo naturalmente con los hombres.

Vittorio Storaro con fascinantes imágenes de luces destellantes que iluminan las escenas extraídas del guión original de Arau, convive y comparte como mago del tiempo y hechicero de texturas y colores, la luz que resplandece en el universo de Zapata. Este enorme creador, visualiza las ideas de Arau con una belleza extraña y fascinante. El rigor de Storaro en sus desplazamientos rítmicos le proporciona a la historia secretos que develan los rincones del alma humana, que remiten a una sucesión de realidades y nos conducen a la más brutal y atroz belleza del México profundo.

La intensidad de las secuencias, de escenas y de tiempos, nos lleva a construir de la mano de Eugenio Zanetti, la delicada mirada de un artista que le proporciona al director fuentes inagotables de composición que nos recuerdan nuestro mestizaje cultural; territorios explorados y encuentro de dos culturas antagónicas que se funden en ambientes poéticos irreales, que nos permite encontrarnos en la significación contemporánea del mito de Zapata. Rostros con miradas que delinean la lejanía de la historia, gestos que cabalgan a través del viento y nos llevan a la inmensidad de un continente secuestrado. Sonrisas, lágrimas, que nos conducen a la agonía de un firmamento utópico. Ahí florece el mito de Zapata, en la piel cobriza del México ancestral, ahí Zapata renace como el Dios de la energía cósmica, por eso Zapata vive en la inmensidad del tiempo.